domingo, 18 de marzo de 2012

Análisis Trofeo Decana

Inestabilidad Positiva

-Balance positivo de un Maccabi que volvió a caer eliminado en cuartos del Decana.

Las juventudes maccabeas también renuevan sus colores


Qué manera de aguantar, qué manera de crecer, qué manera de sentir. Qué manera de soñar, qué manera de aprender, qué manera de sufrir. Qué manera de palmar, qué manera de vencer, qué manera de vivir. Qué manera de subir y bajar de las nubes. Ya lo retrataba el maestro Joaquín Sabina en el himno de su amado Atlético de Madrid. La mezcla entre pasión, sufrimiento, alegría, decepción y orgullo es la que mejor sienta para describir la andadura del Maccabi en su segundo Trofeo Decana. Por momentos, descalabros defensivos. Por momentos, fútbol total. Pero, una vez más, el viaje de vuelta a casa se emprende en cuartos de final. Una realidad que, para el gusto de muchos, no es acorde al nivel demostrado por el conjunto ’oranje’ en lo que llevamos de temporada 2011/12.

La fase de grupos, además de breve, se antojaba sencilla. Cuatro partidos ante cuatro rivales menores. Una perita en dulce, un mero trámite para la clasificación a cuartos. Añorada fase final, repleta de melancolía, ilusión y afán de vendetta por lo ocurrido en marzo de 2011, cuando los entonces novatos se quedaban con la miel en los labios tras saborear, durante algunos momentos, el dulce sabor de las semifinales. Sin embargo, si un defecto tiene este conjunto es la facilidad de transformar las cosas fáciles en difíciles, complicarse la vida sin motivo alguno. Un mal endémico causado, en gran parte, por la falta de confianza y de forma por parte de algunos integrantes. Ese “atreverse a más” que reza el anuncio de una marca de bebidas refrescantes es justo lo contrario a lo que aplican en el campo un buen número de jugadores maccabeos, y que el vestuario debe solucionar de forma inmediata si el objetivo de este equipo es plantarse entre los cuatro mejores de Filosofía y Letras. Con esta base, sumado a la falta de motivación causada por un grupo demasiado asequible para cualquier equipo de periodismo, un conjunto de jugadores técnicamente aptos se transforma en cinco hombrecillos que deambulan y conviven individualmente en un campo de 40x20. La cruda realidad es que Maccabi demuestra todo su potencial cuando sale al rectángulo de juego sin presiones, sin objetivos en mente, pero con el hambre de gloria intacto, hostigado por la ilusión de conseguir un título y poder festejarlo con el grupo de amigos. Es por ello que, históricamente, los plumillas practican un mejor fútbol en instancias finales, véase los cuartos de final frente a Paketes o el realizado el presente curso ante el campeón Mac United.

Plantilla 2011/2012

El primer partido, sin duda, fue el mejor de toda la fase de grupos. También fue el más caldeado. Historia FC llegaba al Ruiz Hernández con la ilusión de los novatos que quieren demostrar lo que valen. Todos hemos pasado por ello, pero siempre con un mínimo de deportividad. El tomarse demasiado en serio un torneo universitario - desde el punto de vista de la agresividad, no de la competitividad-, puede ser un arma de doble filo, particularmente si en el equipo rival se encuentra el ‘Tiburón de As Rías Baixas´. Sin embargo, el día martes 8 de noviembre, J. Gómez sería declarado no culpable de lo ocurrido en el encuentro. Al igual que Koke. Y Membi. Incluso Fer, un futbolista poco asiduo a los encontronazos y a caer en las provocaciones rivales. La conciencia de competitividad demostrada por Historia FC estuvo a la altura de su juego, rácano, a la sombra del mejor Maccabi que se pudo ver en la fase de grupos. Ordenado, paciente, ambicioso y efectivo. Membi en estado de gracia hizo el resto. El fútbol es justo y compensó a la ‘naranja mecánica’ con un 5-1 a su favor. Destacar la falta de deportividad demostrada por algunos integrantes historiadores, que se negaron a dar la mano tras el partido. Una actitud que todos los conjuntos deben repudiar al tratarse, a fin de cuentas, de una mera diversión para todos.

Días antes del primer choque liguero, Fernando Cardenal fue convocado con el equipo que representaría a Filosofía y Letras en el Rector de Fútbol Sala. También fue llamado a formar líneas con el conjunto de Fútbol 11, al igual que Jorge Gómez, “uno de los mejores cierres de la facultad”, en palabras del portero David Valle. El asturiano comenzó la temporada reivindicándose y rayando a un gran nivel, un estatus que mantiene hasta la presente fecha, a pesar de las lesiones. Pero el tema de los Rectores, que tanto orgullo despierta en la parroquia maccabea, provocó severos dolores de cabeza al equipo. La lesión de Fer, que le mantendría apartado de los terrenos de juego durante más de tres semanas, condicionó notablemente la marcha del equipo durante la fase de grupos. Maccabi perdió la brújula en mitad de la tormenta y, aunque el equipo contaba con numerosos expertos, ninguno fue capaz de devolver el barco al camino correcto. Un mes peligroso, envenenado e, incluso, pesimista, que se manifestó claramente en los tres partidos siguientes.

La baja de Cardenal llevó a Facu Fernández a la titularidad ante Mala Uva, un rival poco vistoso pero peleón, rocoso. Maccabi comenzó triangulando bien, haciendo apoyos, jugando bien en profundidad. Lo que se le pide a un equipo ya veterano, con experiencia en partidos como este, en los cuales debe asumir el protagonismo. Las jugadas ofensivas se sucedían, pero ni Membi, ni Jorge, ni Facu, ni Samu - que le aportaba más físico y potencia al ‘5’- eran capaces de superar la meta malauvense. Ya avanzado el partido, y con el marcador de color naranja, tuvo lugar la anécdota jocosa de este Trofeo Decana. Membi, puro coraje, puro huevo, recupera un balón en el círculo central pero, en la lucha con su adversario, cae al suelo. El balón queda franco para que Fernández se haga con él y encare al portero en el mano a mano para firmar la sentencia. Sin embargo, en una acción que roza la estupidez más bárbara e infame, Membiela se sube a la moto cual Jorge Lorenzo y embiste al ‘10’ cuando se iba solo, cayendo al suelo y provocando la carcajada popular en la banda del Ruiz Hernández, además de los ya habituales cánticos de la grada que rezan “Facu capitán, Membi sucursal”. Una anécdota que refleja de forma fiel la poca prolijidad de un Maccabi sin nexo en el medio del campo. Al final, un 2-0 que se antojaba escaso por la enorme cantidad de ocasiones desaprovechadas, pero completamente justo atendiendo al juego del equipo en la segunda parte.

Aficionado desesperado en el encuentro ante Engareñidos
 
Se venía el partido temido, el encuentro que enfrentaría al Maccabi frente a ese equipo que nunca consiguió vencer. Los ex Marchense, los ahora Engareñidos de Juanma Hernández Centenero. Curiosamente, una serie de enfrentamientos en los cuales los naranjas  nunca pudieron disfrutar de su equipo al completo. Sin embargo, no se puede tratar de una excusa para una plantilla tan amplia como la de 2ºA. La importancia del encuentro, la lucha por el liderato del grupo B del turno de la tarde, puso más nervio de la cuenta en un encuentro sin un árbitro que controlara los desfases de ambos equipos. Una buena primera parte maccabea se vio contrariada por la mala suerte sufrida en el segundo y en el tercer gol. Lalo Aragonés, en la banda, intentaba arreglar la situación con cambios atrevidos en la segunda parte, pero probablemente no dejó actuar al equipo cuando mejor estaba jugando. Dejando a un lado este detalle, el equipo no estuvo a la altura. Maccabi se convirtió en 4 individuos que corrían como pollo sin cabeza por el rectángulo, incapaces de dar la vuelta a una situación provocada por el ansia propia de remontada. Duro varapalo el 6-2 recibido aquel 22 de noviembre, pero un golpe necesario para despertar y comenzar a jugar como un equipo.

Los temores se apoderaban del seno maccabeo. Los plumillas comentaban en corro qué ocurriría si perdían su último partido ante Panda’s Return, un rival que, la temporada pasada, se había marchado del Ruiz Hernández goleado por los entonces amarillos. Hubo quien se encomendó a la épica, y no había escogido el camino equivocado. Si el Maccabi destaca por algo, es por su capacidad de sufrimiento. El gol en el último minuto parece convertirse en el pan de cada día o, mejor dicho, en el grito de júbilo de cada fase de grupos del Decano. Y así fue una vez más. Si en este equipo hay alguien tocado por la varita mágica del destino, ese es Koke. El 9 maccabeo tiene la habilidad de marcar goles decisivos, de estar en el momento exacto en el lugar adecuado. Pero no fue solo su partido. Lalo, ‘el jugador del pueblo‘, estrenó su casillero con el Maccabi en el momento más difícil de toda la temporada, cuando su equipo más lo necesitaba. La grada enloqueció, se llevó las manos a la cabeza y gritó como nunca. El espíritu de amistad de este equipo, envidiado por otros muchos, sacó a flote a los naranjas en un partido trampa que pudo haber acabado en eliminación. Pero ahí estaban ellos. Jugarán menos minutos que otros futbolistas, pero son igual de queridos y necesarios tanto dentro como fuera del campito donde el grupo de amigos va a divertirse cada partido. Ellos estuvieron ahí. Ellos están ahí. Ellos son el Maccabi.

Se venía el parón destinado a los exámenes, y Maccabi aprovecho para recuperar a todos sus hombres. El cruce de cuartos de final le enfrentaría al rival más complicado: Mac United. Un derbi entre novatos y veteranos de 10/11 salpicado por algún roce extradeportivo sin importancia que no tuvo incidencia dentro del campo. Se trata, probablemente, del mejor encuentro ofensivo ‘oranje’. El fútbol ultra ofensivo de la segunda parte, un partido de ida y vuelta, y el hecho de tener enfrente a tres de los mejores jugadores de la facultad - la tripleta formada por Tesouro-Crespo-Lemon- ponen al encuentro del 22 de febrero en el ranking de los más emotivos. El Ruiz Hernández fue testigo de fútbol, emoción, polémicas y deportividad entre los dos equipos. Sin embargo, este último hecho no fue tomado al pie de la letra por David Valle, que increpó al colegiado Eduardo Mongil por una serie de jugadas dudosas y que terminó con la dimisión del integrante de Susmuráis. Un hecho tan denunciable como impropio de este equipo, del cual el meta ya se ha retractado. El resultado final, un 8-10 en contra, reflejó lo visto durante los 40 minutos. Nada que objetar ni recriminar a un equipo que se dejó el alma en el campo defendiendo los colores.

El balance final de la temporada decanata podría definirse con dos palabras: inestabilidad positiva. Se comenzó muy bien, con un juego vistoso y efectivo; luego, las lesiones provocaron la anarquía total y la separación entre defensa y ataque durante los partidos, que pusieron en tela de juicio la clasificación a la fase final; y, por último, la historia de siempre: cuando Maccabi juega sin presión es otro equipo. En cuartos de final se pudo ver una vez más que cuando este conjunto sale a divertirse, se ven los mejores destellos de calidad de todas sus individuales, que dejan de serlo para jugar como un equipo. Un equipo de amigos que, a pesar de las derrotas, de los roces lógicos del juego y del paso del tiempo, sigue tan unido como el primer día. La envidia de muchos otros, más pendientes de ganar que de pasarlo bien con sus amigos de siempre. Maccabi es un conjunto hecho en casa, para jugar con los de casa y celebrarlo con los de casa. El balance de este Decana, a pesar de la eliminación en cuartos, es positivo. La incorporación de Alex Rubio para el TP 2012, sumado a la buena adaptación de Marsu y el equipo ya asentado del año pasado permite soñar con, al menos, las semifinales. Será el campeonato de la igualdad, pero el Maccabi debe tener siempre claras sus aspiraciones. Persevera y triunfarás. La unión hace la fuerza.


“Facumbia” Fernández

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